No hay otra alternativa para las mujeres que la de ser amas de casa o prostitutas ets en prostitutas

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Debe ser una respuesta generosa ante un reto de tal calado. Esta clarificación se quiere ofrecer en este documento, hecho, como en otros casos semejantes, mediante la formulación y la respuesta a cuestiones-clave, esta vez las que se despiertan a partir del SIDA. En ellas se consideran los elementos fundamentales que quedan afectados por esta enfermedad: Pedimos a María, salud de los enfermos, que guíe estos intentos a buen término y se llegue a una prevención eficaz de la epidemia del SIDA, a un tratamiento verdaderamente humano de los afectados y al anuncio de la salvación y de la paz a todos los hombres.

Es la enfermedad que se desarrolla como consecuencia de la destrucción progresiva del sistema inmunitario de las defensas del organismo , producida por un virus descubierto en y denominado Virus de la Inmunodeficiencia Humana VIH. La definen alguna de estas afecciones: La palabra SIDA proviene de las iniciales de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida , que consiste en la incapacidad del sistema inmunitario para hacer frente a las infecciones y otros procesos patológicos.

El SIDA no es consecuencia de un trastorno hereditario, sino resultado de la exposición a una infección por el VIH, que facilita el desarrollo de nuevas infecciones oportunistas, tumores y otros procesos. Este virus permanece latente y destruye un cierto tipo de linfocitos, células encargadas de la defensa del sistema inmunitario del organismo.

Las tres vías principales de transmisión son: Con menor frecuencia se han descrito casos de transmisión del VIH en el medio sanitario de pacientes a personal asistencial y viceversa , y en otras circunstancias en donde se puedan poner en contacto, a través de diversos fluidos corporales sangre, semen u otros , una persona infectada y otra sana; pero la importancia de estos modos de transmisión del virus es escasa desde el punto de vista numérico.

Se llama portador a la persona que, tras adquirir la infección por el VIH, no manifiesta síntomas de ninguna clase. Se llama enfermo de SIDA al que padece alguno de los procesos antedichos infecciosos, tumorales, etc , con una precariedad inmunológica importante. Tanto el portador como el enfermo de SIDA se denominan seropositivos, porque tienen anticuerpos contra el virus que pueden reconocerse en la sangre con una prueba de laboratorio.

Durante este tiempo el sistema inmune sufre una destrucción progresiva, hasta que llega un momento crítico en que el paciente tiene un alto riesgo de padecer infecciones y tumores. Se estima que, por término medio, existen alrededor de 8 de 5 a 12 portadores por cada enfermo de SIDA.

En junio de el total de enfermos de SIDA eran En ausencia de tratamiento la evolución natural de la enfermedad por el VIH aboca necesariamente al desarrollo de SIDA al cabo de unos años.

Así ocurre actualmente, por desgracia, en los países subdesarrollados. Sin embargo, con la aparición en el año de la nueva y potente terapia combinada anti-retroviral se consigue controlar el deterioro inmunológico producido por el virus y, como consecuencia, prevenir el desarrollo de SIDA. Actualmente no es posible predecir el futuro a largo plazo de estos pacientes que, sin embargo, han visto prolongada su supervivencia con los nuevos tratamientos.

Todos estos factores hacen que, hoy por hoy, no sea posible pronosticar si un paciente concreto, actualmente en tratamiento, va a desarrollar SIDA en el futuro. La erradicación del VIH en los paciente infectados no parece posible con los tratamientos actuales. Propiamente hablando, hoy el SIDA es incurable. Sin embargo, muchos de los procesos oportunistas que comprometen la vida de los pacientes con SIDA tienen tratamiento eficaz.

El nombre genérico —o principio activo- de los medicamentos inhibidores nucleósidos de la transcriptasa inversa son: De los medicamentos inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa son: Los ihibidores de la proteasa son: Crixizan, Norvir, Invirasey Viracept. Se comprende, por la complejidad de la medicación , la importancia de una exacta dosificación y administración.

Tres días sin tomar correctamente la medicación pueden ser suficientes para hacer fracasar el tratamiento. En efecto, una malnutrición aumenta la morbilidad por alterar el normal funcionamiento del organismo ya que empeora la tolerancia al tratamiento. Gracias a ellas, en los países desarrollados, se puede decir que el SIDA se ha convertido en una enfermedad crónica , y aunque en la actualidad incurable ha dejado de ser mortal.

La tragedia es en los países pobres, especialmente de Africa, que no tienen medios económicos para sufragar unos gastos tan importante. Por desgracia, la realidad sigue siendo muy desoladora. España es uno de los países de Europa con mayor incremento de casos al año; puede estimarse que aproximadamente unos 20 jóvenes se infectan cada día por el VIH en nuestro país. Sin duda, la morbilidad y mortalidad del SIDA han disminuido notablemente. Por ello, cuando se quiere realizar un juicio sobre la expansión de esta enfermedad, hay que valorar por separado ambos aspectos: Desde es obligatorio en España excluir a estos donantes, y desde esas fechas puede decirse que el riesgo de infección por transfusiones se ha reducido casi por completo.

Lo primero se logra con cuestionarios de autoexclusión a todos los donantes; lo segundo es ya norma obligada desde en la mayoría de los países desarrollados.

Otras recomendaciones para los bancos de sangre son: La mayoría de las personas infectadas y enfermas en España lo han sido por esta vía. Se han intentado dos tipos de medidas: Pero estas propuestas mantienen a los drogadictos en su dependencia y no son propiamente preventivas, sino limitativas de la epidemia de SIDA.

Con las drogas "sustitutivas" y con el reparto de jeringuillas permanecen el problema central de la dependencia y de la aceptación del grave mal de la toxicomanía.

En este sentido trabajan muchas comunidades terapéuticas de apoyo. En primer lugar, abstenerse de este comportamiento sexual, que es, obviamente, el modo absolutamente eficaz para prevenir esta vía de contagio.

Esta es la verdadera prevención. Una terapia adecuada puede ayudar a equilibrar la vivencia de la sexualidad. El contagio heterosexual es hoy, a nivel mundial, la principal vía de contagio del virus del SIDA. En los países desarrollados este porcentaje es menor, aunque la vía heterosexual es la segunda causa de contagio.

Hay unanimidad entre los científicos en que sólo la abstinencia sexual y las relaciones monógamas con persona no infectada aseguran la no transmisión del SIDA. Para los que quieran asumir el grave riesgo de mantener relaciones sexuales fuera de la monogamia con persona sana, la recomendaciones habituales son: Con toda objetividad se puede afirmar que el preservativo reduce las posibilidades de contagio por el VIH, pero no las elimina del todo. Existen numerosos estudios que lo confirman.

Las causas por las que el preservativo puede fallar son: Por tanto, es gravemente erróneo, desde el punto de vista científico, equiparar la utilización del llamado preservativo a "sexo seguro".

Porque es imposible realizar una evaluación exacta de su eficacia, al estar vedada cualquier posibilidad de diseñar experimentos prospectivos para medir su efecto protector. Lo que no admite error, en todo caso, es que el preservativo reduce el riesgo de contagio del VIH, pero no lo elimina.

Pero junto a estos caracteres, el SIDA tiene un elemento que hace de esta dolencia algo específicamente distinto: Si estableciéramos alguna comparación entre el SIDA y alguna otra enfermedad reciente, la referencia podría ser la sífilis antes del descubrimiento de los antibióticos. Por un comprensible mecanismo psicológico, mientras existe posibilidad de curación el hombre tiende a alejar de sí la perspectiva de la muerte y basa su seguridad en la eficacia de la ciencia y de la técnica.

Pero el SIDA confronta con la necesidad de admitir que la naturaleza plantea límites morales: Sí, por dos razones: Eso pone en cuestión algunos prejuicios de la cultura moderna como un ejercicio de la libertad sin restricciones ni valores, la irrelevancia social de algunos comportamientos que se llaman privados , etc. Los criterios necesarios en materia de conductas preventivas del SIDA parecen afectar así, de una forma peculiar, a algunas de las consideradas libertades individuales.

La auto-limitación en las conductas personales como medida preventiva sólo se acepta en materia de accidentes seguros, cinturones de seguridad, casco para motoristas, mineros o trabajadores de la construcción, etc. En cuanto a la transmisión por vía sexual, se tiende a negar que existan criterios objetivos para juzgar que determinadas conductas sexuales implican riesgos para la salud. En efecto, así parece.

Este planteamiento de la cuestión hace del SIDA una enfermedad que suscita problemas sociales muy singulares y distintos de los que se producen con otras enfermedades. Y hay que considerar que se da un intervalo de tiempo frecuentemente largo entre la contaminación por el virus y el descubrimiento de la misma. Durante ese tiempo ha podido infectar a muchas personas sin saberlo.

La peculiar epidemiología del SIDA hace que sea una auténtica pesadilla para la prevención, porque el período desde que el paciente se infecta hasta que empiece a ser contagioso es sólo de días, mientras que el de incubación, antes de que se desarrollen los síntomas portador sano , dura unos 10 años.

Entre los años 60 y 70 se desarrolla en esas sociedades y, como eco, en muchas otras la denominada "revolución sexual". Su idea central es la separación radical de los conceptos de amor conyugal y sexualidad humana, de sexualidad y procreación. Eliminado el aspecto procreativo, propio de la verdad moral del amor conyugal y de la biología y naturaleza sexual, su verdad completa queda falseada, como ocurriría si se redujese el amor sexual al mero aspecto reproductor.

De esta manera, la homosexualidad o la promiscuidad sexual pasan a constituir opciones alternativas equiparables al ejercicio de la sexualidad en el matrimonio, en lugar de ser conductas contrarias a las leyes de la sexualidad humana.

Este modo de pensar elimina la diferencia moral entre actos naturales, conformes con la dignidad de la persona humana, y actos no naturales, contrarios a esa dignidad y a la naturaleza del ser humano. En estas condiciones, al legitimar cualquier conducta sólo por responder a la libertad entendida como mera ausencia de restricciones, la sociedad se auto-desarma, porque ha renunciado a las claves que permiten hacer un juicio sobre la ética de las conductas personales, y queda paralizada a la hora de luchar contra la raíz moral de lo que ya es una verdadera pandemia, porque sólo puede actuar contra algunas de sus manifestaciones periféricas.

El resultado inevitable de esta situación es que la infección no cesa de extenderse. Debido a las consecuencias económicas y sociales que acarrea la drogadicción puerta de muchos delitos, degradación física y psicológica de los adictos, graves problemas familiares, etc. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la drogadicción, por sí misma, no es un vehículo de transmisión del SIDA, sino que lo es sólo el intercambio de jeringuillas en el uso de drogas administradas por vía endovenosa.

Pero en la medida en que se extiende este tipo de drogas, aumenta sin remedio también el riesgo de contagio. Es por completo insuficiente, porque de esta manera se intenta poner una especie de remiendo al problema que, sin embargo, no se resuelve en verdad. Así debería ser en buena lógica. No, porque decir que ciertas conductas relacionadas con el sexo o las drogas suponen un riesgo para la vida no es una afirmación moral o religiosa, sino la constatación de algo evidente. El hecho de que esta constatación coincida con los planteamientos morales de determinadas religiones sólo significa que éstas son muy congruentes con la verdadera naturaleza de las cosas.

Por sorprendente o absurdo que pueda parecer, en muchas de las polémicas sobre la prevención del SIDA no subyace otra cosa que la obstinación en el error de negar la evidencia de los datos, ya que éstos van contra algunos arraigados prejuicios de la sociedad actual.

No lo es, pero es difícil evitarlo mientras no se cambie toda esta mentalidad: Así ocurre con los drogadictos, para quienes el SIDA es una amenaza a lo que ellos consideran un estilo de vida alternativo. También es el caso de algunos homosexuales, que ven en toda medida de profilaxis un ataque a sus pretensiones de conferir a sus relaciones el valor de una relación heterosexual o, incluso, el del mismo matrimonio. Todos los ciudadanos deben sentirse implicados en la prevención de esta grave pandemia.

Y especialmente los grupos y personas considerados de mayor riesgo de poder ser infectados. Hay dos tipos de prevención, que deberían conjugarse armónicamente.

Por una parte, la que podríamos llamar prevención primaria fundamental , orientada a prevenir el arraigo de la enfermedad, que debe inspirarse en una visión de la sexualidad humana acorde con el bien integral de la persona y que incluye:.

Esta visión, necesariamente, ha de rechazar cualquier teórica neutralidad frente al valor ético y las implicaciones sociales de las distintas conductas de la persona. Hay después un procedimiento de reducción del daño: Una prevención primaria debe abordar dos tipos de medidas. Unas primeras, orientadas a los grupos de riesgo, pero ampliables a toda la población, que informen de forma correcta e integral acerca de las causas del SIDA y de las circunstancias que lo promueven y difunden.

Pasó, afortunadamente, el tiempo en que en algunas sociedades desarrolladas, concretamente la española, se consideraba el consumo de drogas especialmente las erróneamente llamadas blandas como algo inocuo. Pero debe insistirse en que la mejor manera de prevenir el SIDA es, en relación con la conducta sexual, el ejercicio de la abstinencia y mantener relaciones íntimas sólo en el seno del matrimonio con persona no infectada.

El segundo tipo de medidas se orienta a la educación -especialmente de los adolescentes- acerca de la dimensión sexual de la persona, que se base en una visión de esta realidad integrada en el conjunto de la personalidad, y no en la supeditación de la persona a su faceta sexual.

Es imposible realizar una campaña honrada de prevención del SIDA sin destacar este aspecto. Respecto a la drogadicción, vehículo del SIDA en gran parte de nuestros enfermos, es necesario dar a conocer claramente que no hay drogas duras y drogas blandas; que evadirse de la realidad, por dura que ésta sea, mediante la creación de "paraísos artificiales" y la provocación de alucinaciones, da una mínima expectativa de éxito y felicidad personal, mucho menos cuando se procura con sustancias que crean adicción y destruyen, tarde o temprano, al hombre.

Para que esta tarea educativa sea de utilidad, se precisa la participación de todos los sectores implicados en esta toma de conciencia, y todos deben tener una clara voluntad de resolución del problema por encima de ideologías o conveniencias políticas o económicas coyunturales.

La educación ha de enseñar a vivir bien, moral y físicamente. Hay que enseñar a decir "no" a lo que destruye. Es imprescindible educar la voluntad y la libertad mediante el autodominio y la motivación. Esto afecta gravemente a los padres, y les exige asumir la responsabilidad de transmitir a sus hijos, en el calor del hogar, los grandes principios de la vida moral.

Uno muy importante, que no se debería soslayar, es una educación orientada a una cultura de la vida capaz de superar la contra-cultura de muerte, en la cual prolifera el uso de las drogas y el desorden de la sexualidad y de la afectividad.

Esto requiere, en conciencia, una propia reflexión acerca del significado integral de la sexualidad en la vida conyugal. Exige la adquisición de una experiencia pedagógica que haga asequible y eficaz la transmisión de estos valores.

Y exige, finalmente, una inteligente actitud, a través de los años, para corregir en los hijos los influjos negativos de otros valores u otros significados de la sexualidad latentes en determinadas épocas en la sociedad. La familia es la principal escuela para la vida, pero también lo son los distintos ambientes en que crecen los niños y adolescentes. Sí, como la tienen también en tantos otros órdenes de la vida. Los medios de comunicación forman parte de un mecanismo bien conocido de interacción social: Los responsables de los medios de comunicación no pueden, si son consecuentes, ignorar esta capacidad de influencia, sobre todo en la configuración del sistema de valores socialmente aceptados, si ese sistema incide en la aceptación social de conductas que favorecen la extensión del SIDA.

Cosa distinta de la lucha contra el SIDA y sus causas, es la actitud de ayuda, de acogida y solidaridad que hay que tener respecto de las personas que padecen la enfermedad; actitud que se ha de transmitir desde los medios de comunicación, como también desde la familia o la escuela. Ante los enfermos de SIDA el papel de la sociedad, de sus instituciones y de cada una de las personas concretas que la integramos, sólo puede ser el que se adopta con un enfermo: Los enfermos de SIDA tienen los mismos derechos humanos que los sanos.

En contrapartida, la sociedad tiene derecho a exigir de los enfermos de SIDA que eviten los riesgos de transmisión de esta enfermedad. Sólo si voluntariamente alguien se negase a poner los medios adecuados para evitar que por su culpa otras personas puedan ser contagiadas, cabría legitimar moralmente una conducta proporcional de rechazo o limitación de los derechos de estas personas.

La solidaridad debe poner también los medios económicos para la investigación que permita obtener tratamientos, para crear centros de acogida u hospitales cuando la enfermedad llega a su fase terminal, etc.

La segunda, contribuir a movilizar los recursos suficientes para ayudar a las iniciativas que la sociedad promueva libremente para el cuidado de estos enfermos.

Un camino concreto es ayudar económicamente a los dispensarios, servicios clínicos y casas de salud para enfermos de SIDA promovidas por la generosidad de personas particulares o instituciones, como la Iglesia. Esta obligación de solidaridad, que, por desgracia, desaparece en algunos sectores de nuestra sociedad al socaire de los prejuicios y los miedos existentes frente al SIDA, es una exigencia inmediata de justicia que en conciencia nos obliga a todos.

Si acaso se añade el deber que la sociedad y las instituciones tienen de facilitar y de sostener a las familias en el cumplimiento de esta tarea con todas las medidas económicas y sanitarias adecuadas, que les permita enfrentarse a tan acentuada dificultad. En la medida en que existe la prueba fehaciente de que la mera convivencia no implica riesgo de transmisión del virus -siempre que se tomen las elementales medidas cautelares, necesarias y razonables-, no existe razón alguna para que los padres de niños sanos rechacen la presencia en la escuela de niños seropositivos.

Esta actitud hostil, si se produjese en las condiciones mencionadas, sería una manifestación de discriminación injusta, de rechazo hacia niños inocentes y, por lo tanto, no se puede justificar. Rechazar la presencia en la escuela de niños seropositivos es una discriminación injusta, una manifestación de insolidaridad y un atentado a la dignidad de estos niños.

El SIDA no es la primera pandemia que sufre nuestra sociedad, ni la primera enfermedad contagiosa con que los pueblos se enfrentan, aunque probablemente sea la de mayores dimensiones. Esto parece muy sencillo de comprender, pero lo cierto es que, en el caso del SIDA, existe un debate que no se ha dado con otras enfermedades. Porque el SIDA pone sobre el tapete una cuestión esencial para las modernas sociedades laicistas: De acuerdo con esto, el Estado debería abstenerse de toda actuación o juicio sobre cualesquiera conductas sexuales, porque todas serían igualmente aceptables.

Y, en esta situación, no existe muchas veces una disposición honesta y valiente a revisar sus prejuicios a la luz de los hechos. La pregunta da por supuestas dos afirmaciones que son falsas o, al menos, matizables: La misma "neutralidad" es también una toma de postura con consecuencias previsibles y queridas, sin olvidar el valor pedagógico de las leyes.

Esto no quiere decir que el Estado deba convertir en jurídicamente relevantes todos y cada uno de los contenidos de la moral, o que sea confesional y se ponga al servicio de una organización religiosa concreta. En lo que respecta a la sexualidad como expresión de la intimidad personal, efectivamente el Estado no ha de entrometerse en la vida privada, pero es que la sexualidad humana tiene dimensiones que exceden lo meramente privado.

Sin embargo, la tolerancia es también un valor moral. La tolerancia es un valor relativo y que se dirige a permitir el mal por otra causa mayor, no a fomentar el bien. Por ello, la tolerancia puede ser una obligación moral cuando hay que convivir con algo malo o cuando intentar erradicarlo implicaría causar mayores males.

Pero tolerar el mal no significa considerarlo como un bien. El bien no se tolera; el bien se promueve, se ama. Tolerancia no es lo mismo que benevolencia. Sin embargo, en materia de droga y de sexualidad las sociedades occidentales han dado el paso que va de la mera tolerancia con todo tipo de comportamientos al relativismo ético: Este relativismo ético no puede ser confundido con la tolerancia.

Para ello ha de promover la información a los ciudadanos sobre los medios por los que el SIDA se transmite, y ha de comprometerse en la erradicación de las conductas de riesgo, lo que conduce necesariamente a una educación de los ciudadanos. Todo ello con exquisito respeto a los derechos de la persona, pero con firmeza proporcional al riesgo de transmisión de una enfermedad tan dañina como el SIDA. Las campañas sobre el preservativo o condón del estilo de la que se desarrolló en España bajo el zafio eslogan Póntelo, pónselo , y otras posteriores Sí da-No da; Juega sin riesgo; Por ti, por mí, etc.

Porque llevan a creer que, usando preservativos, desaparece el riesgo de infección, cuando lo cierto es que ese riesgo disminuye, pero no desaparece. Porque silencian que la verdadera forma segura de anular todo riesgo de contagio por vía sexual es o bien la abstinencia sexual, o bien el acto conyugal monógamo, mutuamente fiel, entre un hombre y una mujer que no hayan tenido antes relaciones extramatrimoniales con terceros.

Desde el punto de vista técnico estas campañas comente el grave error de olvidar o no tener en cuenta una idea elemental de la educación para la salud: Ello puede ocasionar confusión y malentendidos fatales. Pero ambos presupuestos son falsos. Que cada ser humano someta a criterios éticos sus posibilidades físicas es el fundamento de las relaciones interpersonales no violentas.

Lo mismo se ha de decir del sexo: La sexualidad, como el resto de las dimensiones humanas, puede y debe ser sometida a la superior dirección de la inteligencia y la voluntad. El ejercicio de la sexualidad humana tiene una pluralidad de dimensiones: Si esto lo hace el Estado, es un abuso —una penosa perversión de menores- financiado con el dinero de todos.

De hecho lo hace continuamente. Desde otra perspectiva, es evidente que gran parte del ordenamiento jurídico tiene esa finalidad: Ocurre igual con las prohibiciones de venta de algunos productos drogas, alcohol, tabaco a los jóvenes o la imposición de determinadas conductas como obligatorias para los ciudadanos: No hay razón objetiva alguna para que estos principios queden en suspenso cuando se trata de conductas sexuales. La relación heterosexual responde a los mecanismos biológicos humanos, aptos para la transmisión de la vida y para la acogida y desarrollo de esta vida.

Santa Sede, Carta de los Derechos de la Familia , La relación homosexual, con independencia de su significado moral, no aporta al conjunto de la sociedad los bienes específicos que trae consigo el matrimonio entre un hombre y una mujer, abierto por naturaleza a la transmisión de la vida: Tratar de forma desigual a lo desigual no sólo no debe rechazarse, sino que es una exigencia de justicia.

Tratar jurídica y políticamente de forma distinta a la relación homosexual y a la heterosexual no es injusto, sino necesario, si se quiere respetar la naturaleza de las cosas. Y si a la conducta homosexual, por la promiscuidad que suele llevar consigo, se asocia de hecho el riesgo de transmisión de una enfermedad mortal, es obligación del Estado comunicar esta información a los ciudadanos.

Toda actuación del Estado que se separe del rechazo frontal del consumo de drogas sería una inconsecuencia: Consejo Pontificio para la familia, De la desesperación a al esperanza: Manual de pastoral , Repartir gratuitamente jeringuillas para evitar el contagio de SIDA por el multiuso de éstas por adictos a determinadas drogas debe ser visto, en principio, como una forma de colaboración del Estado con algo gravemente dañino para la salud y la vida como es el consumo de drogas.

Este argumento, sin embargo, no es aplicable al reparto gratuito de droga a los adictos, como algunos pretenden, pues en este caso se estaría cooperando próxima y directamente con algo malo en sí mismo. De hecho, el ambiente familiar ha ido ganando protagonismo con el tiempo, tanto en una adecuada presentación de la sexualidad como de la vocación humana al amor. En la escuela, la educación sexual no puede reducirse a simple materia de enseñanza sólo susceptible de ser desarrollada con arreglo a un programa, sino que tiene el objeto específico de contribuir a la maduración afectiva y humana del alumno: El papel del Estado en toda esta materia es proteger a los ciudadanos contra las injusticias y desórdenes morales, tales como el abuso de los menores y toda forma de violencia sexual, la degradación de las costumbres, la promiscuidad y la pornografía.

Sobre este asunto tan delicado remitimos al juicio de la Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española en la reciente Instrucción pastoral, La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad Hemos de lamentar en muchos casos la falta de un plan verdadero de formación de personas y, en cambio, advertimos un interés ideológico en una información técnica sesgada en el campo sexual que no contribuye a la solución de los problemas sino a agravarlos.

Falta una atención integral de los problemas personales y la "cuestión moral" en muchos casos se resuelve con la información sobre la aplicación de "medios seguros" para evitar la concepción. Sólo una auténtica educación integral que trate a fondo el problema moral puede ser una respuesta adecuada a los problemas de los jóvenes de hoy. Sí, en la medida en que son transmisores potenciales de la enfermedad. Lo que no puede legítimamente es discriminar a los afectados por el hecho de serlo.

Pero las medidas que adopte el Estado no pueden ser cualesquiera, sino que han de ser proporcionales al fin legítimo perseguido, que es defender la salud de los terceros. Este criterio no es ninguna novedad en la historia de la Humanidad: En nuestro Derecho positivo se regulan las pruebas obligatorias de detección del VIH en las donaciones de sangre, la concesión de ayudas a los afectados, el riesgo de transmisión por donación de semen, ciertas ayudas a centros de información y prevención, y las campañas ya comentadas.

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Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes. Barnés Contacta al autor.

Tiempo de lectura 6 min. Por Miguel Ayuso Sexo en los hoteles de 5 estrellas: Salud y educación, los sectores que conducen a la prostitución Por Héctor G. Respondiendo al comentario 1. Recuerda las normas de la comunidad. Por Fecha Mejor Valorados. No admitimos insultos, amenazas, menosprecios ni, en general, comportamientos que tiendan a menoscabar la dignidad de las personas, ya sean otros usuarios, periodistas de los distintos medios y canales de comunicación de la entidad editora o protagonistas de los contenidos.

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